sábado, 9 de abril de 2016

Cofradía de Santa Isabel

El Libro de la “Cofradía de Santa Isabel” conserva las actas desde el año 1640 al 1794. En un acta de 1684 nos dice que “la iglesia de Santa Isabel tiene misa de jubileo de misa grande e indulgencias el día de la Visitación de la Virgen nuestra Señora (dos de julio, día de la fiesta del pueblo)  y del Día de Todos los Santos, el día de Reyes y el día de La Asunción de Nuestra Señora y de los mártires San Julián y San Sebastián”.
Ermita de Santa Isabel. Como se puede apreciar, la ermita ha sufrido reformas. La  parte de la sacristía , a la izquierda, hecha de cantería  labrada, es la más antigua. El pórtico o soportal cubierto (“el portalito”)  perteneció a la construcción primitiva y se colocó donde se halla ahora, hacia 1784, cuando se trajo la piedra de la ermita de San Juan para ampliar ésta

Ultimamente, la ermita ha sido restaurada, con muy buen gusto, por cierto, mediante el trabajo y aportaciones  de los vecinos que viven en el pueblo sobre todo, y de los que viven fuera. Pero es preciso hacer una mención especial  a Alfredo González y José Antonio Vicente Montes por su sacrificio desinteresado,  entrega, buen gusto y horas de trabajo dedicadas en la obra.

De 1640 es la primera acta que se conserva de la  Cofradía, pero se debió fundar anteriomente, pues habla de los cofrades nuevamente renovados. Ese año las primeras cofrades que se nombran de La Peña son Catalina Vicenta, viuda de Juan Sánchez,  y Magdalena y sus hijos.

Posteriormente se cita al párroco del lugar, licenciado Juan Sánchez. Del pueblo se nombran otros 63 cofrades por su nombre. Sólo se cita  al o a la cabeza de familia, no a cuantos dependían de él o de ella, que también formaban parte de la cofradía.

Pero a la cofradía no  solamente pertenecían las personas del pueblo, sino que  estaba abierta también a cuantos quisieran formar parte de ella de otros lugares. Así, ese año de 1640 había inscritos en la cofradía, de los pueblos cercanos a la Peña:

37 cofrades de la Cabeza de Faromontanos (sic)
8 de Almendra
4 de Villar de Ciervos
15 de las Suces (sic)
4 de Masueco
41 de La Vídola
24 de Cabeza del Caballo

Imagen de Santa Isabel, cuya fiesta se celebra el dos de julio, restaurada con las aportaciones de los vecinos del Pueblo

Del resto de pueblos que se mencionan: de  Valsalabroso, Fuentes de Masueco,  la Zarcita,  Valderrodrigo,  Robledo, Robledino,  Laygal (sic),  Adeadávila,  El Milano,  Pereña, de Cerezal de Peñaorcada (sic), no se dice  cuántos pertenecían.

En 1690 hay un aumento considerable de cofrades.
En La Cabeza de  Faromontanos (sic) pasan de 37 a 60
En Valsalabroso hay más de 50
En Almendra 8
En Villar de Ciervos pasan de 4 a más de 30
En Robledo 3
En Masueco  de 4 a más de 35
En Cabeza del Caballo de 24 pasan a más de 40
En La Suces (sic) de 15 a 30

De los cofrades, generalmente, sólo se nombra al o la cabeza de familia, pero era frecuente que lo fueran también la esposa, hijos y, a veces nietos, por lo que su número se elevaba considerablemente. Ello nos da idea de la devoción que se tenía  a Santa Isabel en los pueblos cercanos a La Peña y ello explica que la afluencia de  fieles de otros pueblos a la celebración de la fiesta de la Visitación, el dos de julio, se convirtiera en una auténtica romería.
La imagen de Santa Isabel llevada en procesión por los cofrades, autoridades y el pueblo, desde la iglesia a la ermita, el día de su fiesta


El año 1677 se le dan 2372 reales a Juan Vicente, seguramente mayordomo aquel año,  para que en el plazo de un mes compre a Santa Isabel “Un manto de tela precioso”;  y se compró también un pendón que costó 1841 reales de vellón. El 1748 se hacen reparaciones de la chilla, por peligro de desprendimientos, por valor de 134 maravedíes.

En el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1753 se dice que la ermita de Santa Isabel tiene un censo redimible  de 900 reales de vellón de principal (préstamo que hace la ermita) y 27 reales de réditos anuales   que recibió  D. Juan Caballero, vecino de Aldeadávila, y hoy pagan sus herederos.

En 1765 se le compra una diadema de plata para la cabeza por 163 reales. El 1780 se hace una sacristía nueva que costó 1200 reales de vellón y la hizo Manuel Rodríguez, vecino del lugar.

El 1784 el obispado  manda al beneficiado de la iglesia de La Peña  (al párroco) “ que  se traiga la piedra de la ermita de San Juan que esta arruinada y solo tiene las paredes en atención a que esta santa  Imagen está colocada en la ermita de Santa Isabel y no hay caudal” (presupuesto para arreglarla) (“Libro de fábrica” de la Iglesia), por lo que se deduce que la ermita se agrandó y reformó a partir de ese año.

La imagen de San Juan, de la que  habla , era seguramente la que  se conserva en la ermita y que hemos conocido desde siempre. Para completar la familia de Santa Isabel, los hermanos y vecinos de La  Peña, Alonso,  fallecido en abril de 2014, y Javier Melado donaron a la ermita una imagen nueva de San Zacarías.

El 12 de octubre de 1700 se hace un inventario de  la ermita de Santa Isabel  en el que además de manteles, velas, misal, flores, etc., se enumeran dos campanas, una pequeñita (¿la de ánimas?, dos cruces, una de madera  dorada y otra con un cristo de plomo, un cáliz de plata con patena, dos casullas de “catalupha” (tejido de lana afelpado),  de flores encarnadas, de seda.

Coro del pueblo cantando en la plaza para el público asistente, bajo un sol de justicia, con motivo de la fiesta, el dos de julio y  que se celebra  el primer fin de semana de ese mes

En 1710 había un arca de tres llaves donde se metía el dinero de las donaciones.

El libro se cierra en 1794, haciendo constar que Juan de la Diega debe cuatro fanegas de centeno. A partir de aquí comienza el libro nuevo que no hemos podido consultar por no hallarse en el archivo del obispado.

De las imágenes de los santos de la ermita, nada se dice en el inventario. Hoy  hubiera sido interesante, aunque sólo fuera para satisfacer nuestra curiosidad. Pero seguramente pensaban entonces que las imágenes no eran algo que pudieran desaparecer tan fácilmente.
Sinforiano (“Morete”, de nombre artístico), vecino de La Peña, y otros cuatro tamborileros que lo acompañan, amenizando la fiesta de Santa Isabel en la plaza, donde tantas veces y durante tantos años lo han hecho otros tamborileros del pueblo, entre ellos especialmente el gran tamborilero Cándido Montes, fallecido hace poco, y a quien dedicamos un sentido recuerdo. Tanto ellos como las bailarinas van ataviados con típicos trajes de la región

Y Aunque Santa Isabel no tenga hoy cofrades inscritos como en el pasado, se  puede decir que cada vecino del pueblo se sigue considerando cofrade de la Santa, por quien siente auténtica veneración. Prueba de ello es la cantidad de personas, emigrantes   del pueblo, que acude cada año  a celebrar  el día de la fiesta, aunque no estén  todavía de vacaciones. 

Desde los puntos más remotos de España, vuelven al pueblo a participar en la cena de hermandad  que ofrece al Ayuntamiento  la víspera,  y al día siguiente, en la misa, en la procesión, en el vino español,  en los juegos y en los bailes que se celebran en su honor.

La fiesta de Santa Isabel ha sido siempre fecha de reencuentro de las familias y amigos separados por la distancia, de convivencia  de los que vienen de fuera con los que han permanecido, de vivencias nuevas, distintas  y de aprendizaje para niños y jóvenes que han nacido fuera y tienen una parte de sus raíces y sentimientos en el pueblo y que más tarde serán continuadores de la tradición.

Y un recuerdo de nostalgia empaña la ausencia de quienes se encuentran lejos ese día por los distintos  avatares de la vida o porque ya nos han abandonado definitivamente.

Fruto de ese cariño y devoción por  Santa Isabel y cuanto representa para el pueblo,  es la abnegación, el trabajo y las aportaciones con que los vecinos, con gran sacrificio, han contribuido estos años recientes para restaurar la imagen y la ermita. Todo ello realizado con buen gusto, devolviéndole el esplendor que tuvo en épocas pasadas.

Las personas de los pueblos más cercanos siguen acudiendo a la fiesta, como en otros tiempos. Antes  acudían con los medios de transporte al uso. Se solía decir   que el día de Santa Isabel no había casa en La Peña en que no hubiera al menos un invitado forastero. 

Hoy, con los nuevos medios de transporte, muchos  siguen viniendo a la misa y procesión, o a los juegos y bailes populares, honrando a los vecinos del pueblo con su presencia y contribuyendo con ello a realzar su festividad.

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